jueves, 22 de mayo de 2008

Limbo

Lentamente cierro mis ojos y me sumerjo en un mundo sin fin. Camino infinitas calles e invisibles personas se acercan a mí. Inmutable, sigo mi rumbo, que me lleva solamente ahí; en el cruce con otros mundos, en el juego de la historia sin fin.

Sangrando palabras, vomitando emociones me dirijo hacia allí. Sin pensar voy soñando, y sin mirar sigo caminando.


Todo se detiene, el tiempo no está más. ¿Dónde estoy? En el país de Nunca Jamás. Miro alrededor, pero no hay nada allí. Busco a las personas que ayer no vi, pero no las encuentro... ¿será que el tiempo se las llevó para no traerlas más? Quiero volver atrás y escuchar su silencio, quiero volver atrás y así no tener miedo.


Miro hacia el cielo. Milagrosamente, éste sigue intacto. Pero no hay viento. Todo está quieto. Sigo mirando... estoy en un desierto. Vastos árboles secos, delgados fragmentos de tiempo que flotan en el aire para irse lejos. De pronto reacciono y corro detrás de ellos. Mi esfuerzo es en vano, esos restos nunca existieron.


Misterioso desierto, aunque seco, no del todo común. ¿Será que el sol no calienta?, ¿o es por aquella escalera? La miro. Y pienso. ¿Por qué? No tiene sentido...

Me acerco. Sube y sube, pero no veo el final... Las nubes la tapan allá arriba. Escucho un murmullo de voces conocidas y, animada, me tiento a subir. Cada vez más cerca, escucho más fuerte, siento más. Vamos.


Me aferré a una mano que se extendió para ayudarme. Y entonces entendí.


Por fin volví a sentir... por fin los volví a ver. Los extrañé mucho... ¿estuvieron siempre en este lugar? Eso no importa ahora... acá estoy, y ya no me voy.

domingo, 11 de mayo de 2008

Esclavizado al eterno estar.


Historias nunca contadas de corazones lisiados. Transeúntes del pasado que buscan un futuro mejor. Histéricos lamentos del que ya no entiende por qué.


Sentado su rincón, con pantuflas y bata blanca que hacen juego con la pared. Observador silencioso mordiendo sus uñas; se hamaca frenéticamente en continuo vaivén. Ojos fijos en la nada. ¿Mente en blanco? No. Recuerdos, gente. Palabras. Pero en blanco, jamás.


Miedo de no entender. ¿Por qué a él?

Jeringas, pastillas. Está cansado... tiene miedo... ¿tan difícil es de entender? Sólo capacidad diferente para pensar; ni mejor, ni peor: diferente, no subnormal.


Luces de colores, enanos malvados que acechan en los oscuros rincones. Y en la soledad de la noche, en medio de las penumbras, un grito.


Su frágil cerebro se rompió. Su corazón de cristal se quebró.

Catatonia mortal no lo deja ser nunca más. Confinado a un amargo final, sigue sin entender.... ¿por qué a él?


(No sé. Será que fue especial.)


A su lado un unicornio de metal, y sobre él un abismo infernal.


Traidores camuflados con anteojos, pero él los reconoce sin mirar. Los percibe flotando en el aire, los puede respirar. Capta su atención y los corroe, los minimiza así nomás.


Después de todo, su cerebro no se rompió del todo. Al fin y al cabo, venció a sus demonios. Y ahora, por fin vive en paz.

Siente normal, pero tiene capacidad diferente para pensar. Diferente; no subnormal.