A veces uno espera mucho de ciertas personas, a las cuales no parece importarles qué te pasa, cómo estás, si necesitás algo o si querés hablar. Cada vez noto a la gente más fría, más egoísta, menos dada y solidaria. Espero no estar convirtiéndome en lo mismo... si es así, deténganme, por favor.
Muchas veces me lo han dicho; que soy fría, egoísta o que tengo cara de pocos amigos. ¿Y sabés qué es lo más cómico? Que antes me dolía mucho pensar que ellos tenían esa imágen mía, pero ahora, ahora me importa tan poco lo que piensen los demás como poco me importa qué hay de cenar. La opinión ajena es estúpida. El prejuicio es hiriente, pero debemos manejarlo, porque en el mundo en que vivimos, la primera impresión lo es todo. Y no pienso sumirme a su voluntad, porque resulta que en mi mundo también cuentan las demás impresiones, la primera es sólo una carta de presentación. Puede que alguien me caiga más o menos al principio, pero no por eso dejo de tratarlo o lo evito, sino que le doy oportunidades para que se muestre tal como es, porque a veces eso lleva tiempo, y a veces ese tiempo no es poco.
Habrá gente como yo, que no es tan dada en el primer momento. Pero denles una oportunidad. No los prejuzguen, porque se pierden la mejor parte de ellos. Por favor, les pido a quien quiera que sea que esté leyendo, que se solidarice... Gente, no sean cerrados.
¡¡Abran la mente!!
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